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22.5.07
Buenas. Aquí paso a dejarles una invitación. Se mostrarán dos trabajos en los que participé, un corto argumental del cual escribí el guión y un documental que produje. Se les espera.
4.3.07
Bueno, la señorita Montserrat me puso una tareilla memesca de esas que por acá hasta ahora han brillado por su ausencia, así que me dispongo a hacerla. Va así:
En el lugar donde esté en el momento de leer esto, haga lo siguiente: (para que sea espontáneo)
a) Agárrese el libro que tenga más cerquita,
b) Váyase hasta la página 123,
c) Ahora a la quinta oración.
d) Cópiese las siguientes tres oraciones y publíquelas en su blog.
e) Nombre libro y autor, y póngasela de tarea a otros tres.
Así ocurrió:
»— No faltará quien lo traduzca —dijo la italiana. Y cerró el álbum de prisa, colocandolo después en su regazo y oprimiéndolo contra su cuerpo, como quien abraza estrechamente.
»Hablamos de muchas cosas, unas relativas al sonambulismo y otras no; pero yo no quise aludir a los sucesos de la víspera, y ellos tampoco hablaron de tal escena.
Leopoldo Alas, «Clarín». "Superchería", en «¡Adios, Cordera!» y otros cuentos. Barcelona: Crítica, 2001.
Los que siguen son:
En el lugar donde esté en el momento de leer esto, haga lo siguiente: (para que sea espontáneo)
a) Agárrese el libro que tenga más cerquita,
b) Váyase hasta la página 123,
c) Ahora a la quinta oración.
d) Cópiese las siguientes tres oraciones y publíquelas en su blog.
e) Nombre libro y autor, y póngasela de tarea a otros tres.
Así ocurrió:
»— No faltará quien lo traduzca —dijo la italiana. Y cerró el álbum de prisa, colocandolo después en su regazo y oprimiéndolo contra su cuerpo, como quien abraza estrechamente.
»Hablamos de muchas cosas, unas relativas al sonambulismo y otras no; pero yo no quise aludir a los sucesos de la víspera, y ellos tampoco hablaron de tal escena.
Leopoldo Alas, «Clarín». "Superchería", en «¡Adios, Cordera!» y otros cuentos. Barcelona: Crítica, 2001.
Los que siguen son:
15.2.07
El buen periodista es la persona que corre en sentido contrario a la multitud, acercándose a lo que hace que la turba huya despavorida, a eso que quieren saber pero les da miedo averiguar. Es aquel que no tiene derecho a desistir frente las aporías que toda búsqueda de respuestas conlleva, es el que no puede rendirse.
No es el traficante de influencias, el que sabiendo que puede mentir con coherencia lo hace -todos los periodistas sabemos como mentir, sólo los mejores no lo hacen. Tampoco es el que trabaja para ejercer el poder que su credibilidad le da. No es el que lanza acusaciones a personas distintas midiéndolas con varas distintas, ni el que busca como perro sabueso la historia que lo muestre como una estrella deslumbrante. El periodista por definición no es el que brilla, sino el que hace brillar. Lo contrario sería como si el espectáculo central del circo fueran las carpas y no los leones.
A algunos nos gusta hacer lo que llaman 'literaturizar' la vida. Buscar las metáforas, poner las cosas de la calle en palabras bonitas y sacrificar un poco su claridad. Pero eso es una maña que a veces tiene como resultado un texto hermoso, es una buena maña pero no necesariamente es buen periodismo. La vida de alguien puede ser increíblemente literaria pero publicarla puede ser muy poco ético. Un dictador es un buen ejemplo.
La cuestión no es de forma sino de fondo. Tampoco es de medio, no sirve de nada tener un programa de radio glamoroso que se oiga en medio mundo ni un blog en el que hablar de periodismo sólo signifique repetir lugares comunes. La cuestion es de un fondo tal que un buen periodista es un buen demócrata.
No es el traficante de influencias, el que sabiendo que puede mentir con coherencia lo hace -todos los periodistas sabemos como mentir, sólo los mejores no lo hacen. Tampoco es el que trabaja para ejercer el poder que su credibilidad le da. No es el que lanza acusaciones a personas distintas midiéndolas con varas distintas, ni el que busca como perro sabueso la historia que lo muestre como una estrella deslumbrante. El periodista por definición no es el que brilla, sino el que hace brillar. Lo contrario sería como si el espectáculo central del circo fueran las carpas y no los leones.
A algunos nos gusta hacer lo que llaman 'literaturizar' la vida. Buscar las metáforas, poner las cosas de la calle en palabras bonitas y sacrificar un poco su claridad. Pero eso es una maña que a veces tiene como resultado un texto hermoso, es una buena maña pero no necesariamente es buen periodismo. La vida de alguien puede ser increíblemente literaria pero publicarla puede ser muy poco ético. Un dictador es un buen ejemplo.
La cuestión no es de forma sino de fondo. Tampoco es de medio, no sirve de nada tener un programa de radio glamoroso que se oiga en medio mundo ni un blog en el que hablar de periodismo sólo signifique repetir lugares comunes. La cuestion es de un fondo tal que un buen periodista es un buen demócrata.
16.1.07
Eso sí que es leer entre líneas. Si alguien conoce a la autora de este vídeo (que se hace llamar 'jupiterianisima' en YouTube, por favor dígamelo.
29.12.06
Como aquí, esta época del año me produce sentimientos encontrados. Son días en los que uno se repliega sobre su propia historia e intenta encontrar los cauces por los que ella discurre y nos lleva. Por estos días pasamos el tiempo sacando conclusiones que nos tranquilicen y nos hagan creer que no hemos perdido el tiempo, que somos más felices, más exitosos o mejores personas que hace 365 días.
Aquí si no puedo ser subversivo, yo también paso por esas. Este fue el año más loco de mi vida: por primera vez puedo decir con toda sinceridad que aprecio y admiro el desparpajo, la irracionalidad y la desfachatez que me rodea -empezando por la mía propia. También puedo decir que concreté un par de cosas supremamente importantes que andaban por ahí en el aire, cosa que me tranquiliza. Fue el año de los cigarrillos nocturnos y de las películas de domingo por la tarde, de los recorridos entre cafés y entre mujeres unas más gratificantes que otras, de 'la vida loca' y del esfuerzo intelectual. Este fue un año para pegar en el corcho.
Fue un año intenso e importante. Fue bonito, lleno de momentos, de alegrías reparadoras y de tristezas profundas. Fue un año lleno de amigos y de soledades, pero sin sorpresas. Fue un año de levantarse abrumado y con las tuercas medio sueltas, pero también de duras realidades tanto acá donde nadie me ve como allá afuera. Fue un año de desilusiones pero de esperanzas, un año en el que este cuento sigue escribiéndose, cerrando algunas cosas y abriendo otras.
Ojalá el 2007 sea para mí, al igual que para ustedes, más divertido que el 2006 (es difícil). Pero menos doloroso (otra cosa difícil).
Aquí si no puedo ser subversivo, yo también paso por esas. Este fue el año más loco de mi vida: por primera vez puedo decir con toda sinceridad que aprecio y admiro el desparpajo, la irracionalidad y la desfachatez que me rodea -empezando por la mía propia. También puedo decir que concreté un par de cosas supremamente importantes que andaban por ahí en el aire, cosa que me tranquiliza. Fue el año de los cigarrillos nocturnos y de las películas de domingo por la tarde, de los recorridos entre cafés y entre mujeres unas más gratificantes que otras, de 'la vida loca' y del esfuerzo intelectual. Este fue un año para pegar en el corcho.
Fue un año intenso e importante. Fue bonito, lleno de momentos, de alegrías reparadoras y de tristezas profundas. Fue un año lleno de amigos y de soledades, pero sin sorpresas. Fue un año de levantarse abrumado y con las tuercas medio sueltas, pero también de duras realidades tanto acá donde nadie me ve como allá afuera. Fue un año de desilusiones pero de esperanzas, un año en el que este cuento sigue escribiéndose, cerrando algunas cosas y abriendo otras.
Ojalá el 2007 sea para mí, al igual que para ustedes, más divertido que el 2006 (es difícil). Pero menos doloroso (otra cosa difícil).
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Cosas "bonitas",
Incatalogables
26.12.06
Desde hoy, y cada vez que se me antoje, voy a poner aquí una pequeña historia pendeja y mal escrita. Va a estar por capítulos. No es nada especial, sólo que quiero escribir algo un poco tonto para ver qué pasa.
I
Estaba un buen hombre, digamos que Juan Pérez, sentado con su hijo, digamos que Miguelito. Veían la tele. Eran como las siete y treinta de la noche, hacía media hora que Juan llegó de su oficina. Se acariciaba la barbilla, sintiendo las pequeñas pullas de las que mañana temprano habría de encargarse la rasuradora. Su corbata café estaba desabrochada y tenía puestas sus zapatillas de peluche; hacía frío esa noche. Tenía en sus piernas un plato con un huevo y una arepa; en el piso un vaso con limonada.
Había un pequeño malestar en su mirada, no había podido sacar este año la semanita de todos los diciembres para irse a Melgar con la mujer y el niño. Esperaba que eso significara que lo iban a ascender pronto, cosa que agradecería porque después de cuatro años la misma oficina y el mismo sueldo se vuelven terriblemente aburridores. Lo único que quería era descansar un rato, cenar viendo la tele y echarse a dormir. La mitad de la oficina estaba en vacaciones y eso significaba doble trabajo para los que se quedaron.
Su hijo tenía otros planes. Había pasado un día tremendamente aburrido en la casa, todos sus amiguitos estaban fuera de la ciudad. Su mamá lo había regañado un par de veces por abrir los cajones de su mesa de noche; esos en los que en otra época había condones y vaselina. Ahora sólo hay papeles y un par de cajitas de terciopelo con sendos anillos baratos en ellas. El encierro y el computador dañado eran demasiado aburrimiento para sus siete años, su madre estaba recostada gracias a su usual dolor de cabeza y el niño no tenía intenciones de callarse.
-¿Papá, por qué en la calle no hay mujeres como las de la tele?
-Por que ellas están ennoviadas con unos tipos que se llaman traquetos, hijo.
-Mmm... Y, ¿qué es un traqueto?.
-Pues, cómo te explico... Un traqueto es un señor que anda en camioneta y tiene joyas. Tiene mucha plata pero no es bien habida. A ellos les gustan las señoritas como las de la tele.
-Ah, las de las tetas de silicona, ¿cierto?-, dice el niño soltando una risa tímida.
-¿Tú por qué sabes eso, Miguelito?
-Por que mi mamá le dice a cada rato a la vecina que se quiere poner tetas de silicona pero que tú no se las vas a pagar nunca.
Juan arruga el ceño y se queda pensando. La factura del celular de su mujer llegó muy cara el mes pasado, además había unos números rarísimos. Hace rato que se quejaba de dolor de cabeza todas las noches y ya no se arreglaba como antes. Le compró el perfume que quería sacrificando las boletas de fútbol de un mes, pero él no lo ha olido todavía en su cuello o en sus cobijas. Sin embargo el frasco sigue bajando cada vez que lo mira.
-¿Y qué más le dice tu mamá a la vecina, Miguelito?
-Uf, muchas cosas.
-¿Como cuáles?
-Esta mañana le estaba diciendo que... espérame, ¿qué era?, ¡ya! Que lástima que en Navidad quitaran las novelas.
-Ajá. ¿Le ha dicho algo de otro hombre?
-No me acuerdo. Pero papi, cuéntame más de los traquetos. ¿Por qué tienen armas?
Juan sabía que su hijo había heredado lo que el creía que era su suspicacia. El oficinista suele decirle a sus amigos que en su casa y en su mundo no pasa nada sin que él se de cuenta. Pero por esa misma razón, nunca podía estar tranquilo; siempre estaba atormentado por algo.
Además no le había servido de mucho. Juan miraba con cierta envidia a todos los que empezaron con él y na no están como él: al vecino que le aprobaron el préstamo para comprar un apartamento en el norte, a su excolega que de un momento a otro se consiguió un puesto en Costa Rica y está ganando en dólares, a su amigo del colegio que tiene una mujer como sacada de un calendario de taller de mecánica, a los papás de los niños que no perdían materias del curso de Miguelito, a las mamás de esos niños a las que llamaban del trabajo a las reuniones de padres y llegaban en autos casi nuevos.
Él se sentía estancado. Hace años lo ilusionaba la idea del gran futuro que le esperaba cuando saliera de la universidad. Se veía con una mujer hermosa en una casa grande, con un camioneta grande y reluciente y con un televisor gigante. Pero la vida no ocurre como uno desea. Se consiguió un trabajo de tres mínimos y se fue a vivir a un apartamento de soltero cerca de su universidad. Se enamoró de la hermana de un colega en un paseo de la empresa. Después de un año largo se casaron, dos meses luego de conseguir puesto en su actual empresa. Eran épocas optimistas, de corbata orgullosa y pecho inflado. Se la llevó a Cuba a pasar la luna de miel.
De Cuba llegaron tres cuando sólo debían llegar dos. Y ella no sabía hacer nada de nada, era la niña consentida de su casa. Había intentado estudiar dos carreras en la Universidad, pero se había rendido en el segundo semestre de cada una de ellas. A veces ayudaba a su madre en un negocito de empanadas que tenía, pero como en el resto de su vida, se cansaba rápido. No era una mujer especial ni física ni interiormente, era la víctima perfecta de Juan. Una mujer promedio que no intentara opacarlo.
Los primeros tres años no fueron malos. Se fueron a vivir a ese apartamento y a Juan lo ascendían una vez al año. Todo el dinero que ahorraban se lo gastaban viajando. Estuvieron en Panamá, Estados Unidos y Brasil. Miguelito crecía. Pero luego hubo un año en el que no ascendieron a Juan, y luego otro, y luego otros dos. La vida se volvía monótona y la plata empezaba a ser apenas la justa para sobrevivir. El sueldo subía menos que el mercado.
-Tú no perdonas una, ¿no?. Es que si tuviera que negarte no podría, Miguelito -le dijo su padre mientras le daba una palmada en la espalda. -Los traquetos tienen armas para que las viejas de las tetas siliconadas no les pongan los cachos.
-¿Y qué es poner los cachos?
-Es cuando la vieja le pide el favor a la vecina bruja que te cuide mientras ella sale peinadita y oliendo a perfume y llega despeinada y oliendo a jabón.
-Entonces mi mamá pone los cachos.
I
Estaba un buen hombre, digamos que Juan Pérez, sentado con su hijo, digamos que Miguelito. Veían la tele. Eran como las siete y treinta de la noche, hacía media hora que Juan llegó de su oficina. Se acariciaba la barbilla, sintiendo las pequeñas pullas de las que mañana temprano habría de encargarse la rasuradora. Su corbata café estaba desabrochada y tenía puestas sus zapatillas de peluche; hacía frío esa noche. Tenía en sus piernas un plato con un huevo y una arepa; en el piso un vaso con limonada.
Había un pequeño malestar en su mirada, no había podido sacar este año la semanita de todos los diciembres para irse a Melgar con la mujer y el niño. Esperaba que eso significara que lo iban a ascender pronto, cosa que agradecería porque después de cuatro años la misma oficina y el mismo sueldo se vuelven terriblemente aburridores. Lo único que quería era descansar un rato, cenar viendo la tele y echarse a dormir. La mitad de la oficina estaba en vacaciones y eso significaba doble trabajo para los que se quedaron.
Su hijo tenía otros planes. Había pasado un día tremendamente aburrido en la casa, todos sus amiguitos estaban fuera de la ciudad. Su mamá lo había regañado un par de veces por abrir los cajones de su mesa de noche; esos en los que en otra época había condones y vaselina. Ahora sólo hay papeles y un par de cajitas de terciopelo con sendos anillos baratos en ellas. El encierro y el computador dañado eran demasiado aburrimiento para sus siete años, su madre estaba recostada gracias a su usual dolor de cabeza y el niño no tenía intenciones de callarse.
-¿Papá, por qué en la calle no hay mujeres como las de la tele?
-Por que ellas están ennoviadas con unos tipos que se llaman traquetos, hijo.
-Mmm... Y, ¿qué es un traqueto?.
-Pues, cómo te explico... Un traqueto es un señor que anda en camioneta y tiene joyas. Tiene mucha plata pero no es bien habida. A ellos les gustan las señoritas como las de la tele.
-Ah, las de las tetas de silicona, ¿cierto?-, dice el niño soltando una risa tímida.
-¿Tú por qué sabes eso, Miguelito?
-Por que mi mamá le dice a cada rato a la vecina que se quiere poner tetas de silicona pero que tú no se las vas a pagar nunca.
Juan arruga el ceño y se queda pensando. La factura del celular de su mujer llegó muy cara el mes pasado, además había unos números rarísimos. Hace rato que se quejaba de dolor de cabeza todas las noches y ya no se arreglaba como antes. Le compró el perfume que quería sacrificando las boletas de fútbol de un mes, pero él no lo ha olido todavía en su cuello o en sus cobijas. Sin embargo el frasco sigue bajando cada vez que lo mira.
-¿Y qué más le dice tu mamá a la vecina, Miguelito?
-Uf, muchas cosas.
-¿Como cuáles?
-Esta mañana le estaba diciendo que... espérame, ¿qué era?, ¡ya! Que lástima que en Navidad quitaran las novelas.
-Ajá. ¿Le ha dicho algo de otro hombre?
-No me acuerdo. Pero papi, cuéntame más de los traquetos. ¿Por qué tienen armas?
Juan sabía que su hijo había heredado lo que el creía que era su suspicacia. El oficinista suele decirle a sus amigos que en su casa y en su mundo no pasa nada sin que él se de cuenta. Pero por esa misma razón, nunca podía estar tranquilo; siempre estaba atormentado por algo.
Además no le había servido de mucho. Juan miraba con cierta envidia a todos los que empezaron con él y na no están como él: al vecino que le aprobaron el préstamo para comprar un apartamento en el norte, a su excolega que de un momento a otro se consiguió un puesto en Costa Rica y está ganando en dólares, a su amigo del colegio que tiene una mujer como sacada de un calendario de taller de mecánica, a los papás de los niños que no perdían materias del curso de Miguelito, a las mamás de esos niños a las que llamaban del trabajo a las reuniones de padres y llegaban en autos casi nuevos.
Él se sentía estancado. Hace años lo ilusionaba la idea del gran futuro que le esperaba cuando saliera de la universidad. Se veía con una mujer hermosa en una casa grande, con un camioneta grande y reluciente y con un televisor gigante. Pero la vida no ocurre como uno desea. Se consiguió un trabajo de tres mínimos y se fue a vivir a un apartamento de soltero cerca de su universidad. Se enamoró de la hermana de un colega en un paseo de la empresa. Después de un año largo se casaron, dos meses luego de conseguir puesto en su actual empresa. Eran épocas optimistas, de corbata orgullosa y pecho inflado. Se la llevó a Cuba a pasar la luna de miel.
De Cuba llegaron tres cuando sólo debían llegar dos. Y ella no sabía hacer nada de nada, era la niña consentida de su casa. Había intentado estudiar dos carreras en la Universidad, pero se había rendido en el segundo semestre de cada una de ellas. A veces ayudaba a su madre en un negocito de empanadas que tenía, pero como en el resto de su vida, se cansaba rápido. No era una mujer especial ni física ni interiormente, era la víctima perfecta de Juan. Una mujer promedio que no intentara opacarlo.
Los primeros tres años no fueron malos. Se fueron a vivir a ese apartamento y a Juan lo ascendían una vez al año. Todo el dinero que ahorraban se lo gastaban viajando. Estuvieron en Panamá, Estados Unidos y Brasil. Miguelito crecía. Pero luego hubo un año en el que no ascendieron a Juan, y luego otro, y luego otros dos. La vida se volvía monótona y la plata empezaba a ser apenas la justa para sobrevivir. El sueldo subía menos que el mercado.
-Tú no perdonas una, ¿no?. Es que si tuviera que negarte no podría, Miguelito -le dijo su padre mientras le daba una palmada en la espalda. -Los traquetos tienen armas para que las viejas de las tetas siliconadas no les pongan los cachos.
-¿Y qué es poner los cachos?
-Es cuando la vieja le pide el favor a la vecina bruja que te cuide mientras ella sale peinadita y oliendo a perfume y llega despeinada y oliendo a jabón.
-Entonces mi mamá pone los cachos.
30.9.06
A finales del año pasado ocurrió algo muy bonito en mi antiguo y muy querido blog, No al Silencio (2.0). Escribí un cuento que se desarrolla en un fin de año de esos de barrio popular, en el que un niño se emborracha y desea 'levantarse' a la vecina como regalo de San Silvestre. Un amigo, "Juan Sebastián", comentó esto:
Juan Sebastián dijo...
Juan Sebastián dijo...
Buena Josito.... Faltan solo un par de horas para las doce y el cuento es perfecto para el momento!!! Nueva novia... si señor!!! porfa no mas perras!!!!!
Nueve meses después, Juano (como le decimos de cariño) está felizmente cuadrado con una niña muy bacana. Por primera vez en su vida le oí decir "te amo" sin la verguenza del cagón cuando quiere dárselas de machote, sin la pena del niño que cree que madurar biche es igual a no ser cursi.
Sin duda se le cumplió el deseo. Siempre me ha inquietado el que eso haya pasado; ¿será que tiene padrinos mágicos? ¿Qué tuvo de especial ese deseo?
Si yo creyera en cuestiones cuasimetafísicas de esas que salen en los libros de autoayuda de los supermercados y en Infinito, diría que San Silvestre complació a Juano porque deseó algo con sinceridad. Y tal vez digo que creería eso y no otra cosa porque, en el fondo, lo creo. Desear cosas sinceras es algo que me ha preocupado toda la vida. "Cuidado con lo que dices", suele decirme mi mamá cuando estoy en medio de un ataque de estupidez. Creo que interpreté su consejo como "cuidado con lo que deseas".
Y tal vez por ser tan cuidadoso con esa clase de cosas soy un poco frustrado. Mi parte racional me dice que "por cauto, has perdido menos de lo que podrías perder". Mi angustia emocional replica: "por cauto, he vivido menos de lo que podría vivir, tal vez de lo que debería".
¿Vale la pena ser cauto? ¿O es mejor ser arriegado, como mi hermano? El problema es que cuando me convenzo de lo segundo suele ser demasiado tarde; y cuando me convenzo de lo primero suelo estar demasiado jodido.
Escuché:
When the Music's Over - The Doors
You Really Got me Now - The Kinks
Out of Line - The Bravery
Polly (live version) - Nirvana
I Want You (She's so Heavy) - The Beatles
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Cosas "bonitas",
Incatalogables
19.9.06
Ahora sólo soy Jose...
19.7.06
Hacía rato no me sentaba a escribir. Estas vacaciones han sido especialmente poco prolíficas en lo que a la producción de textos se refiere, y tengo una especie de estreñimiento de escritor que hace que las ideas se incuben, se calienten y se cuajen dentro de mí pero no salgan por más que haga fuerza frente al trono de la linea en blanco.... Espero que salgan de ahí pronto, para mi propio bien y para el de mis pocos lectores.
Por ahora, trataré de buscar líneas inconexas, solo por poner algo en el papel y como ejercicio preliminar antes de escribir algo decente:
- Lo primero que ví fue la tristeza de los hinchas ecuatorianos recien eliminados. Eso, sin embargo, no les impidió beberse todo el alcohol que pudieran y quedar como ruinas en la Francisco de Orellana, la equivalente guayaquileña de la 82.
- La proxima vez que el exceso de alcohol sea perjudicial para mi salud, dire que tengo "chu-chaki". Eso quiere decir "guayabo" en quechua, o eso creo...
- En las costas del pacífico las playas no son aptas para el baño humano todo el año, pues se supone que de mayo a agosto suben las corrientes frias del sur y ponen frías las aguas. Sin embargo, yo no soy calentano y por ende no me importa. O bueno, en donde vivo no hay playa, esa es la verdad.
- El tráfico de Guayaquil es terrible... Aquí la gente maneja como si eso del espejo retrovisor fuera un invento del demonio y no mereciera usarse.
- A veces siento que eso de ser "extranjero" es una mera formalidad; me siento como en una ciudad calentana de Chibchombia... Pero a veces me siento en otro planeta; Guayaquil es un Melgar enorme.
Y así... Cuando pueda parir un par de conectores y algo cuya lectura valga la pena, lo sabrán...
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Pequeñas tragedias
20.6.06
Joven de no muy buenas costumbres busca musa chonqueta que le alegre la vida; que pueda sentarse a fumar y a hablar de cualquier cosa por horas o que pueda hacer el amor por dos o tres días seguidos con pausas de cigarrillos y enlatados con cerveza; que sonría y le haga sonreír el corazón.El ofrecido (ver foto) se describe como un fumador empedernido sin mucho entusiasmo por todo lo que en la vida no sean mujeres, vicios, rock y escritura; algo depresivo y neurótico aunque amante del rock clásico y de las flacas. Con antecedentes de mal manejo de la ira y de pésimas relaciones amorosas y terminando de matar una tusa ni la hijuemadre, le emputa tener que mostrar sus virtudes porque quiere ser descubierto por una chica bohemia y un poco chafa que pueda aguantarle las chocheras y hasta hacerle brillar los ojos.
Su mamá y sus amigos dicen que tiene buen corazón, y por ahí ha oído decir que es como inteligente y que escribe bonito. Le gusta dejar
Las solicitantes deben tener al menos 18 años o tener una contraseña falsa lo suficientemente creible como para no tener problemas para entrar a un chuzo. Debe gustarles el rock y la cerveza (al menos), tener estilo, haber hecho algunas locuras en su vida y en lo posible saber un poco de filosofía -para compartir una afición muy especial. Prefiero que se parezcan un poco a la hermosa niña de la foto, pero ahí miramos. Interesadas, dejar comentario.
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