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3.6.10

Antanas Mockus no quiere ganar las elecciones

Cuando uno rechaza el apoyo de quien con certeza le ayudaría es por dos razones. O porque ese apoyo al final no le conviene o porque no le importa tener éxito. Creo que el rechazo de Antanas Mockus a los "partidos tradicionales" y su preferencia por buscar una "alianza ciudadana" se debe a esas dos razones. Y también creo que esa forma de actuar le va a costar las elecciones del próximo 20 de junio.

En la rueda de prensa de 1 de junio, Mockus dijo que las alianzas lo llevarían a "desdibujar la identidad" del Partido Verde. De eso infiero que al candidato le importa más esa identidad que ganar la Presidencia. Es sencillo: con las alianzas –que son perfectamente legítimas y se hacen en todas partes– y los abstencionistas tiene más chance de ganar. Pero sin las alianzas está saltando al vacío, en un país donde la mitad de la gente nunca ha votado.

Es importante que Colombia cuente con un Partido Verde con voz, que defienda el ideario verde o al menos una versión liviana de éste. Pero no creo que esas ideas sean la prioridad de la famosa 'ola verde', en la cual espera apalancarse Mockus para construir su partido. La gasolina de esa 'ola' es la indignación que sentimos muchos colombianos todas las mañanas, cuando escuchamos por la radio o leemos en la prensa las denuncias de corrupción. Es una respuesta emocional contra los sinvergüenzas que, según creemos, se tomaron el país y es una esperanza de que Mockus cambie eso desde la Presidencia. La ecología y la defensa del medio ambiente, para la inmensa mayoría de nosotros, no es lo más importante.

Por eso creo que Antanas Mockus está calculando mal. Por un lado, no es justo que quiera darle fuerza al ideario verde con sus tres millones de electores, los cuales congregó con la consigna de "no todo vale" y no defendiendo políticas ecologistas. Por otro lado, lo que por agua viene por agua se va. Algún otro candidato puede recoger las banderas contra la corrupción y cambiar el color de la ola. O, simplemente, la emoción puede apagarse y la 'ola verde' puede terminar tan explosivamente como empezó.

31.5.10

Las elecciones según mi abuela

Doña Beatriz tiene 77 años, cinco hijos y tres preinfartos encima. En los cuarentas fue desplazada de su tierra prometida, donde "había que dejar podrir la fruta", por los 'chulavitas' conservadores. Siempre votó liberal, hasta 2002. Entonces votó por Uribe, le daba miedo perder su finca.

Como buena abuela, ama al Presidente. Dice que es "muy lindo" y que "parece un chino juicioso". Si me preguntan, ella ve en su Uribe al nieto abogado, granjero y con cara de bueno que nunca tuvo.

Doña Beatriz se acuesta viendo a Duque Linares y me llama cada vez que está viendo algo que le interesa. "Mijo, mire que en el canal siete están diciendo que el diente de león es buenísimo para la calvicie", me dijo alguna vez. Ella no se preocupa por hacerse preguntas. O eso creía yo.

Iba a votar por Santos, pero dice que el candidato "tiene su volqueta detrás, todo lo de él es Uribe". Por eso me dijo que no lo hizo. De Pardo, el candidato del que fuera su partido por más de 50 años, dice que "se ve como si estuviera enfermo". Se tocó la comisura de sus ojos y me dijo: "En esta parte como que se parece a mí, que ando tan enferma". Petro, dice, "es brillante", pero "no quiere al Presidente y no".

Cuando le dije que había votado por Mockus, hizo cara de retrasada mental. Estoy seguro de que lo que no me dijo fue: "Ay mijo, perdió su voto". "Al menos, se ve que ese señor no roba", atinó a responderme. Pero, dicho eso, volvió a hacer su cara. Yo le agradecí en silencio, no quería discutir mucho.

Acto seguido, me dijo la verdadera razón por la cual no votó por el candidato de la U. "En esa última presentación todos los demás se le fueron encima. Se nota que es un corrupto", me dijo refiriéndose al debate del viernes. No sabía que doña Beatriz se trasnochara por la política.

Luego me contó por quién había sido su voto. "Vargas Lleras es el único de esos que tiene cara de presidente", me dijo.

No me ha contado por quién va a votar en la segunda vuelta. Espero tener un margen para convencerla de que no vote por el candidato de la volqueta.

13.5.10

¿En fila india?

Lo que Antanas Mockus quiere hacer, en el fondo, es articular la conciencia moral, la cultura y la ley colombianas. Decir que "no todo vale" tiene consecuencias a varios niveles. Distingue entre acciones que "valen" y acciones que "no valen"; pero más importante, crea una categoría delimitada por la ética o la moralidad, la ley y la cultura.

La pregunta crucial aquí es: ¿qué características tienen las cosas que "valen" y no tienen las cosas que "no valen"? Estamos inclinados a creer que debatir en franca lid con quienes piensan diferente "vale", pero "no vale" intervenir sus teléfonos y hacerles seguimientos a sus hijos. ¿Por qué?

Lo que yo creo es que las acciones que "valen" son las que no son reprobadas ni por la cultura, ni por la ley, ni por la ética o la moral. Las que "no valen" son las que son reprochadas por alguno de estos sistemas. Pero el problema radica en que "valer" o "no valer" no es un sedazo confiable para pasar a la sociedad por él. ¿Por qué?

Lo que "vale" para un católico derechista "no vale" para un activista LGBT de izquierda, por poner un ejemplo. El matrimonio entre homosexuales es un exabrupto moral para el primero, y una obligación ética para el segundo. Así pasa con casi todas las cosas. Con toda seguridad, a la derecha de Uribe las chuzadas "valen". No olvidemos que muchos colombianos creen (o creían hace unos años) que la Parapolítica es un avispero que no debió haberse alborotado.

Y eso está bien. La democracia debería darles espacio a todas las posiciones siempre y cuando estén enmarcadas en unos mínimos que garanticen que esas posiciones no se vuelvan contra la democracia. En otras palabras, cultura, moralidad y ley deben tener un espacio para que cada una marche por su propio camino. No es sano que anden en fila india.

Así las cosas, no creo que lo que quiere hacer Mockus se deba hacer. La obra maestra de la articulación entre la ley, la cultura y la ética o la moral es el totalitarismo. La ética y la cultura son más mutables que la ley, por lo que ésta última es la que se convertiría en rectora de las otras dos. El extremo de esa articulación es que todos los ciudadanos piensen lo mismo y rechacen las mismas cosas. Eso es meter la Ley unívoca, dictada y defendida por el Estado, donde antes estaba la conciencia moral y la cultura cotidiana de la gente, la forma en la que hace sus cosas todos los días.

Eso sería una dictadura de la ley. Una ley de mierda, como la colombiana. ¿Queremos eso?

20.4.10

Un reto a los santistas

Si han leído este blog recientemente o me siguen en Twitter, sabrán que si las elecciones fueran mañana mi voto sería por Antanas Mockus. Si me conocen de un poco antes, también sabrán que he escrito muchas cosas –con la cabeza y con el corazón– contra el presidente Uribe y que casi nunca he estado de acuerdo con su proceder en estos años.

Eso pese a que yo he sido beneficiado por la Seguridad Democrática. Mi familia tiene una finca en una zona rural de Colombia. Es un lugar acogedor que me gusta visitar de vez en cuando. Antes de 2002, los guerrilleros de un frente de las Farc se paseaban con toda la tranquilidad del mundo por esas tierras. Nadie, ni el Ejército ni los propietarios legítimos de ellas –nosotros–, podía impedir que se cumpliera su voluntad.

Con el aumento de la presencia militar en las zonas rurales impulsado por Uribe, pudimos volver a la finca e incluso remodelarla. Fueron más de cuatro años de abandono y de desangre financiero, pues de todos modos los impuestos y el sueldo del cuidador seguían cobrándose. Debo decir que me complace que el Presidente haya cumplido con su deber de garantizar que mi familia pueda disfrutar de sus derechos sobre esa tierra.

Pues bien. Una de las razones que esgrimen los partidarios de Juan Manuel Santos es que es el único candidato que puede preservar ese estado de cosas. Sin Santos, dicen sus áulicos, todo volverá a ser como antes. Yo no creo, pero les voy a dar el beneficio de la duda.

Reto a los 'santistas' a que me digan por qué eso es así. Los reto a que me demuestren, con argumentos y sin falacias ni sofismas, que si Juan Manuel Santos no obtiene la Presidencia yo no voy a poder regresar a la finca de mi familia en los próximos cuatro años.

Las reglas del juego son las siguientes: Cualquiera puede responder con un comentario, no tiene que identificarse. Yo calificaré las respuestas. Si identifico una falacia o un sofisma en la respuesta, lo argumentaré. Si alguien no está de acuerdo, puede expresarlo con un comentario, el cual me comprometo a responder. La moderación de comentarios no está activada –nunca lo ha estado en este blog–.

Ahí les va el reto. Yo quiero saber por qué es que las Farc están esperando al siete de agosto para hacer fiesta.

12.4.10

Mockusistas y furibistas

Hay algo que está saliendo mal en la campaña de Mockus. Que haya que recordar que Mockus no es mesiánico –y que algunos de sus seguidores lo tengan como un mesías– indica que hay una incoherencia entre los postulados del candidato y las acciones de sus seguidores. Y eso es un síntoma de que desde la campaña se está enviando el mensaje equivocado.

Es preocupante que no todos sus seguidores tengan claro que el candidato verde se ubica en las antípodas del mesianismo. Y es más preocupante aún que, so pretexto de los votos, Mockus no esté evitándoles decepciones futuras a sus seguidores. Eso no es honesto, aun cuando no se haga de mala fe.

Lo que más me gusta de Mockus es que no tengo que estar del todo de acuerdo con él para sentirme impulsado a hacerle campaña. Si bien no ha habido claridad en muchos temas de esos que marcan una diferencia entre ser de izquierda y ser de derecha, él ha hecho especial énfasis en que escuchará los argumentos de sus opositores y tomará las decisiones que juzgue como justas y oportunas. A mi juicio, esa actitud de gobierno es la nuez de la democracia. Y precisamente porque durante el mandato Uribe muchísimos colombianos –uribistas y antiuribistas– perdieron esa perspectiva de discusión pública, es que creo que Mockus debe ser presidente.

Pero muchos 'mockusianos' que descalifican a quienes no están de acuerdo con ellos no actúan de acuerdo con ese principio. Siendo estrictos, se puede ser 'mockusiano' sin votar por Mockus. Cuando se inscribió como candidato a la Presidencia, dijo:
“Si usted va a votar por mí, pero no lo está haciendo en conciencia, no es porque usted lo decide… Mejor no vote por mí. Vote por aquel que le diga su conciencia. Aquel o aquella que le diga su conciencia”.
Ser 'mockusiano' es exactamente lo contrario a ser 'furibista': es creer que los opositores pueden tener la razón y que, por eso, tienen derecho a ser escuchados –así se trate de opositores 'furibistas'– . Es creer que el otro también puede razonar y exponer sus propios argumentos. Es ser consciente de que no todos los votos responsables ni honestos tienen que ser votos por Mockus.

La campaña debería pasar de estar basada en la euforia y en explotar el aura de Mockus –que la tiene, y mucha– para empezar a esgrimir los argumentos y las propuestas. Es vital recordarles el 'mockusianismo' a algunos 'mockusianos', y esa no puede ser una labor de voluntarios ni de blogueros. Llevamos ocho años hastiados del 'furibismo' como para que algunos miembros de la 'ola verde' nos lo recuerden.

PD: Dicho esto, debo pedir disculpas por este tweet, en el que me comporté como un 'furi-mockusista'.

11.9.08

Semiótica de la capucha

¿Por qué nos molesta la capucha? ¿Qué es eso tan irritante que simboliza? ¿Cuál es el miedo que genera?

En Colombia, ya lo sabemos, los problemas éticos no existen. O se es bueno o se malo, no hay más que decir. Las caras de los buenos salen en las revistas del corazón. Los muestran en la tele, maquillan su rostro para que las luces no se reflejen en él. Y hablan, dan las noticias o insultan a los malos. Su rostro ocupa media pantalla, y su nombre aparece abajo.

Los buenos se ponen gafas caras de colores para sus miopías de una dioptría. Impostan indignación, "es que no hay derecho". Por eso quienes han sido buenos durante cuarenta años tienen una arruga en el ceño. Tanto tiempo mostrando la cara de preocupación acaban con el colágeno.

Es que para ser bueno hay que tener cara de bueno. Es la forma de saber que no hay que cruzar la calle en su presencia. El descaro es lo de menos, toda intención es perdonable si se esconde con una mirada a los ojos. Por eso se le tiene tanto miedo a quien oculta el rostro, a quien prefiere ser un hijo de puta a escondidas. Los que no son descarados son incomprensibles para nosotros. Por eso les tenemos miedo.

Por eso tienen tanto éxito los ladrones de cuello blanco.

10.8.08

A la sazón de la espiral del silencio que se vive en Colombia, no ser uribista se convirtió en una excentricidad. Que ni el jefe, ni los vecinos, ni mucho menos el cura o el pastor, se enteren de que hay una oveja rebelde en el rebaño. El riesgo que se corre es el del desempleo, la excomunión y el desarraigo.

Al parecer, este país ha tenido un éxito sin precedentes en la síntesis de la realidad. Para qué carajos vamos a gastar tiempo en lectura, plata en libros y espacio en bibliotecas si los colombianos descubrieron que el mundo cabe en dos baldositas de 3x3. O se es blanco o se es negro, o se es uribista o se es terrorista. O se vive tranquilo o llegan a la puerta los amables recuerdos de las Águilas Negras con una promesa de redención. Un concepto como el gris es demasiado profundo para ser entendido. Peor aún, no es rentable: la economía colombiana está creciendo como nunca —a pesar de la ‘mamertería’ de los camioneros— desde que lo abandonó.

La Constitución del 91 se convirtió en una forma muy efectiva de complicarse la vida. Que equilibrio de poderes, que Estado Social de Derecho, qué montón de nudos. Es tan complicada que no se puede deshacer de un plomazo. Es necesario dinamitarla columna por columna, cimiento por cimiento. Aunque, como los colombianos son tan ‘verracos’, es de esperar que pronto encuentren el método para volverla pedazos y en su lugar poner una en la que los buenos sean buenos y los malos vayan a la horca.

Desde que en Colombia se está en la baldosa de los blancos, con una camiseta de ese mismo color que no se presta para ambigüedades, todo es más sencillo. Lo único que hace falta es que el lado oscuro sea consumido por el fuego redentor de la milicia. Algún día la excentricidad será erradicada de la tierra. Entonces, los buenos no sólo serán más: serán todos.

PD: Nótese que esto es un sarcasmo. No quiero que me canonicen sin merecerlo.

9.7.08

En Colombia ser sensato y ser apátrida son sinónimos. Ya sabíamos que criticar Uribe es pecado mortal en esta república bananera y que uno no tiene derecho a decir que el mesías tiene defectos sin que le caigan encima. Pero esto ya está llegando a niveles absurdos.

Ingrid Betancourt, ya por fuera del ambiente enrarecido que se respira en los mentideros de este país, afirmó dos cosas bastante sensatas: Uribe tiene que bajarle al odio y lo que dice Chávez resuena en las FARC. Después de un breve paso por la silla de la voz cantante, ahora la exsecuestrada es una traidora para los coros uribistas. Lo único que hizo fue decir que la realidad es más poderosa que la calentura del Presidente.

Hay que darse cuenta de lo que dicen los uribistas sobre Ingrid para darse cuenta de que ella tiene razón. El odio visceral y la total ausencia de sentido crítico —tan de moda desde la llegada del caudillo— no van a llevarnos a ninguna parte. El hecho de que el 91% de la población crea que un país se maneja con las tripas y que una democracia es como una finca ganadera, sólo demuestra una vez más lo que cualquiera concluiría después de leer un poco de historia: siempre debe suponerse que las mayorías colombianas están equivocadas, a menos de que se demuestre lo contrario. El problema, evidentemente, es que aquí no se lee.

Es que leer es importante para saber distinguir lo que se oye de lo que se escucha. Contrario a lo que muchos juzgan, Ingrid nunca dijo estar a favor de Chávez. Lo único que ella dijo es que las FARC escuchan al señor de junto, cosa que también dijo en su momento el futuro excanciller en medio del aplauso rabioso de la turba caudillista. Es una cuestión pragmática: Chávez es útil para desarmar a las FARC. Ergo, es mejor tenerlo cerca. No entiendo cómo la gente no puede entender un razonamiento tan simple. Ah, si: “Colombia es Pasión”.

8.6.08

Mientras Uribe sigue subido en la carreta de su 80% de popularidad, a su alrededor pasan cosas. Por un lado, el gobierno admitió que intentará por sexta vez que el Congreso apruebe la penalización del consumo de la dosis mínima de droga. Uribe, como siempre, justifica su intención con una afirmación resonante: la "permisividad" hacia el uso de drogas no es coherente con su política de lucha contra el narcotráfico.

No hablemos de que la lucha contra el narcotráfico es un desastre y que cada vez tumban más selva para sembrar coca —y decomisan menos cocaína. Tampoco ahondemos en las supuestas relaciones entre Uribe y el clan Ochoa —las cuales, de ser ciertas, ponen un oscuro manto de sospecha sobre las intenciones del mandatario. Hablemos de las razones por las que Uribe dice lo que dice, razones cuya falsedad queda demostrada por los hechos. A nuestro paternal presidente le preocupa que los hijos más jóvenes de su Patria —porque desde Casa de Nariño dictan que ahora debe escribirse con P mayúscula— se están "envenenando". También le preocupa lo que llama una "relación de ‘causa–efecto’ entre la permisividad del consumo de alucinógenos y la criminalidad en Colombia".

En tanto, la reelección se vende en la calle como cualquier cigarrillo barato. Los recolectores de firmas, que cobran $200 pesos por rúbrica, expenden el apoyo al presidente como una droga altamente adictiva. Hay que ver cómo es recibido Uribe por las niñas bien de las universidades privadas; más de una se quedó con las ganas de pedirle un autógrafo en una teta. También hay que ver las intervenciones de los pequeños tiranos de esas mismas universidades: sesiones de masturbación política cuyo único objetivo es obtener placer autoinfringido alabando al presidente por su forma de alimentar los odios que todos llevamos dentro. Y él, con su insoportable sonsonete de niño bueno, agradece sutilmente y, cual bazuco político, ofrece a su lambón de turno un breve momento de satisfacción sublime.

Los colombianos, como buenos adictos, progresivamente van bajando sus estándares morales para seguir procurándose su dosis mínima. Aceptan que la parapolítica —la complicidad entre legisladores y criminales que protegen con motosierra sus negocios agroindustriales— quede impune, como un avispero que nunca debió haberse alborotado. Aprueban masivamente a un presidente que le da un espaldarazo a la impunidad para seguir gobernando sin que nadie le estorbe, mientras demanda con sevicia a quien está encargado de juzgarlo e insulta sanguinariamente a quien ose criticarlo. Y todo esto se vuelve, de repente, aceptable para los colombianos. Eso sí, siempre y cuando se garantice que Uribe, el presidente-bazuco, siga estando a disposición. La traba justifica los medios.

Tan es así que se pierde hasta el sentido de la coherencia. Claro que hay una relación causa-efecto entre criminalidad y drogas; la Parapolítica es el mejor ejemplo de eso. ¿O es que los paras son una simple gallada de leñadores? Que no se nos olvide que estos díscolos muchachos sembraban marihuana en el Magdalena antes de ser díscolos; que tampoco se nos olvide que el MAS (Muerte a secuestradores) —un acuerdo de mafiosos para vengar el secuestro de una mujer de la familia Ochoa— se convirtió en la piedra fundacional de los movimientos paramilitares. Que no se nos olvide, finalmente, que hacer pactos con estos sujetos para hacer política es un crimen —por más que su judicialización le cueste al Doptor Varito sus mayorías en el Congreso.

Ya entendí por qué Uribe quiere ilegalizar la droga: él y su figura quieren quedarse con el monopolio de la traba. No quieren que los colombianos pierdan la cabeza por nada que no sea su peinado de niño bueno y sus regaños paternales.

31.3.08

Revolcando entre mis archivos, me encontré esta perla. Es una nota que escribí y nunca se publicó con respecto a una visita a la U. del Rosario del entonces presidente del Partido Conservador y hoy Ministro del Interior, Carlos Holguín Sardi, en plena campaña electoral. Saque usted sus propias conclusiones.

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Repudió los recientes actos violentos de las FARC, y se mostró de acuerdo con la seguridad democrática y con el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos

Carlos Holguín Sardi se pronuncia sobre los grandes temas del país

En un evento en la Universidad del Rosario, el presidente del Partido Conservador expuso las propuestas de su partido y afirmó que existe una coincidencia de convicciones entre los conservadores y el jefe del Estado. Dijo también que sin TLC el país se sumiría en la pobreza, que las organizaciones no gubernamentales son una “partida de defensores de los terroristas” y que la extradición es una figura jurídica necesaria. Se mostró en contra del intercambio humanitario, del aborto y del matrimonio entre homosexuales.


Bogotá. 27.02.2006 — El presidente del Partido Conservador Colombiano, Carlos Holguín Sardi, se pronunció sobre los temas más controvertidos de la actualidad colombiana en una conferencia organizada por la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario y realizada el pasado martes. Allí, Holguín habló del proyecto político del partido que dirige, de la cercana relación política que los conservadores mantienen con el presidente Álvaro Uribe Vélez, del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, de los recientes ataques llevados a cabo por las FARC y del matrimonio entre homosexuales, entre otras cuestiones.

El líder político afirmó que si bien el programa gubernamental de seguridad democrática ha sido efectivo y debe continuar, es necesario “pasar a una seguridad más humana, a una seguridad donde […] haya que luchar como objetivo claro no solamente contra el terrorismo sino muy principalmente contra la pobreza”; y aseveró que esa es la orientación de la agenda política de su partido.

En este sentido, Holguín propuso la continuación y ampliación de programas que ya están implementados como ‘Familias en acción’, que consiste en el pago de subsidios de educación y alimentación a familias que estén por debajo de la línea de pobreza siempre y cuando demuestren que sus niños van a la escuela y tienen acceso a servicios de salud. Este programa, cuyos resultados fueron destacados recientemente por el Banco Mundial, “permite que las familias beneficiadas vivan por encima de los dos dólares diarios, que salgan de la línea de pobreza”, destacó Holguín.

El dirigente también propuso la creación de un banco que facilite el acceso a créditos para personas pobres, jóvenes y microempresarios, al igual que la ampliación de los subsidios de vivienda.

Respecto a la relación del Partido Conservador con el presidente Álvaro Uribe Vélez y al apoyo de este partido a la campaña de reelección del mandatario, el dirigente conservador sostuvo que existe una coincidencia de convicciones entre el partido y el jefe del Estado. “Con Uribe lo que ha habido es un acuerdo programático y una identidad de principios y de propósitos muy clara”, afirmó.

Según informó Holguín, el acuerdo programático se materializó el pasado miércoles después de la inscripción de la campaña presidencial de Uribe, cuando el Partido Conservador puso en consideración del ahora candidato un grupo de propuestas para llevar a cabo en su eventual segundo gobierno. Las propuestas, sostuvo el dirigente, son relativas a la puesta en marcha de herramientas contra la pobreza y al fortalecimiento del sistema de administración de justicia.

Por otra parte, el líder conservador calificó como “bárbaros” los ataques perpetrados por las FARC el pasado fin de semana en los que fue incinerado un bus de pasajeros en el Caquetá y fueron acribillados nueve concejales en el municipio de Rivera (Huila), y afirmó que esperaba las reacciones de “las organizaciones de derechos humanos, de las organizaciones no gubernamentales, y de toda esa partida de defensores de los terroristas”.

Holguín exigió, igualmente, un pronunciamento de repudio a estas acciones guerrilleras por parte de Michael Frühling, director de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Colombia. Sobre el funcionario de Naciones Unidas, Holguín afirmó que “no ve las cosas como son en la realidad”, y lo cuestionó por no pronunciarse respecto los actos violentos llevados a cabo por las FARC. No obstante, el organismo encabezado por Frühling emitió el mismo martes un comunicado repudiando el hecho e instando a las FARC “a cumplir su obligación de respetar la vida y la integridad personal de todos los civiles”.

El político conservador afirmó que su partido no era de ninguna manera enemigo de un eventual intercambio humanitario entre personas secuestradas por las FARC y guerrilleros presos de ese grupo insurgente. Sin embargo, aseveró que en la coyuntura actual del país “no creemos en el acuerdo humanitario porque para que haya acuerdo tiene que haber voluntad de dos, y del lado de allá [de las FARC] no hay ninguna voluntad”, y que lo aceptaría bajo la condición de que con éste “no se valorice la moneda maldita del secuestro, [de que no se haga] para que al otro día haya más secuestrados para que más adelante se puedan liberar más presos”. Aseguró además que “a las FARC sólo las conmueve una derrota militar”, por lo que afirmó que las posibilidades de negociación con esta guerrilla respecto al intercambio están cerradas.

Así mismo, Holguín expresó su apoyo al Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Estados Unidos y Colombia, y afirmó que no tener un tratado de esta naturaleza sería nefasto para todos los colombianos: “el no TLC es condenarnos a la pobreza”, aseveró. El dirigente conservador manifestó también que la extradición de narcotraficantes colombianos a ese país es una figura jurídica necesaria, puesto que “el delito transnacional [el narcotráfico] conlleva necesariamente a la justicia transnacional”.

Holguín también habló acerca del aborto y el matrimonio entre homosexuales. Del primero, afirmó tajantemente que “respetamos el derecho a la vida, pero a nadie le aceptamos el derecho a disponer de la vida”, lo que deja ver su rechazo a toda forma de aborto. Del segundo, reconoció que es un hecho social innegable y que por esto deben reconocérsele ciertos derechos a las parejas gay, pero que difícilmente aprobaría que estas parejas pudieran tener hijos y que no está dispuesto a admitir que tengan las mismas consideraciones legales que los matrimonios heterosexuales. En este sentido, sostuvo que “si el matrimonio deja de ser una institución de pareja entre un hombre y una mujer, estamos contra la naturaleza humana y contra la naturaleza en general”.

4.2.08

Al final pasó de todo y no sabemos si en realidad haya pasado algo. Unos marcharon contra las FARC, otros a favor de Uribe, otros le echaron la madre a Chávez, y así. Yo marché con Mockus y solucioné mi dilema moral.

Hagan clic en la foto para verlas todas.



























PD: ¿Alguien sabe, de casualidad, qué pasó con la guerra de almohadas? A las 12:30 yo era el único con una almohada en el Parque de la Independencia.

3.2.08

Por cuenta de la glotonería política de unos cuantos que no pueden evitar sacarle el jugo a cuanta oportunidad se les presenta, y por cuenta de la inocencia de otros que no fueron capaces de impedir con vehemencia que les chuparan la sangre, la marcha de hoy se convirtió en una especie de zona gris. El dilema no es falso, como algunos arguyen con el deseo. En efecto, se nos ha puesto en una situación en la que o no rechazamos a las FARC o apoyamos a Uribe.


Ese dilema no es falso porque, desde el principio, la idea de la marcha es una resonancia del discurso oficial. “No más FARC” quiere decir simplemente eso, que las FARC no deberían existir. Ni como grupo armado ni como fuerza política, ni en la ilegalidad ni en la civilidad. Marchar por esa causa implica marchar a favor de una rendición militar y un sometimiento político, cosa no solo ilusa sino nociva para la democracia: dentro de la civilidad, todos tenemos derecho a defender nuestras causas políticas —duélale a quien le duela.


Ahora bien, el sector político nacional que siempre ha defendido esa tesis ‘antifariana’ es el uribismo. De hecho, esa es la tesis que lo llevó al poder: después del Caguán, esta demostrado que las FARC no son sino una manada de bandidos facinerosos y sanguinarios, por lo que hay que acabarlos sin pensarlo tanto y sin ninguna consideración. Eso puede ser lastimosamente cierto, hay que decirlo. Pero hasta la legitimidad de un derramamiento de sangre tiene fronteras éticas. Aprovecharla para despotricar de quienes defienden ideas desde la civilidad es incorrecto y sucio. Es como si lo ilegítimo estuviera en las ideas y no en la violencia con la que se intenta imponerlas. Es como si la vergüenza de las FARC fuera su supuesto ideario político y no su terrorismo.


Si recordamos a los 5.000 civiles de la UP, asesinados por parte de la misma derecha que hoy apoya esta marcha, la simple y supuestamente admirable idea que puso a andar esta manifestación toma tintes macabros. Nada nos garantiza que no estemos marchando a favor de una consigna de limpieza social, o que no le estemos haciendo el juego a la más rancia y maquiavélica derecha de este país. Esto, claro está, sin olvidar que estamos marchando a favor de una tesis del gobierno de Uribe. Ahí no hay ambigüedad que valga.


Sin embargo, creo que sí es necesario que la gente de a pie sea agresiva con las FARC y demuestre su indignación por el uso de la crueldad como arma política. Tal vez una consigna menos abigarrada hubiera sido menos cuestionable, pero en todo caso estoy convencido de que, sea marchando o no, hay que expresar ese rechazo. Por eso decidí no marchar en la marcha “oficial” (ni en la del Polo, que esta vez no estuvo a la altura de sus militantes) sino ir a la guerra de almohadas.


Después de tanto pelear en los foros de Facebook tengo las tripas revueltas y una desconfianza de huérfano recién egresado del orfanato. Se que a nadie le va a importar que unos chinos bien de Bogotá se den en la jeta con almohadas en un parque que no conoce casi nadie, pero no me importa. El ejercicio simbólico —muy mockusiano— me parece valioso: si tiene piedra, coja una almohada y no un fusil. Yo tengo piedra, tanto con las FARC como con el gran engaño de una marcha “no-política”.


Y cuando pase la marcha de Mockus, me uniré. Es una forma de romper con el dilema, ¿no? Sea como sea, al menos marcharé al lado de alguien en quien confío y no al lado de alguien que me produce asco.

13.1.08

Era previsible que después de la algarabía de las liberaciones de los secuestrados, la tensión política entre el autoritarismo colombiano y el totalitarismo venezolano se pusiera más aguda que nunca. Hugo Chávez iba, más temprano que tarde, a pasar la cuenta de cobro de la liberación. Lo que nadie se esperaba era el monto tan alto.

Lo del reconocimiento del estatus político a las guerrillas es una cuestión vieja, que se ha discutido mucho antes y durante el gobierno Uribe. La aporía radica en que Uribe no va a poner en riesgo su capital electoral dándole reconocimiento alguno al “enemigo común de los colombianos”, que ha apalancado y sustentado retóricamente su programa de gobierno y su misma permanencia en el poder. A Uribe lo eligieron para “fumigar esa plaga”; las mayorías uribistas no le perdonarían (si tuvieran cerebro y memoria) que claudicara en su misión. Sería la primera vez, dada la visión simplista de un sector visible de la derecha colombiana —según la cual todo lo que huela a izquierda es una amenaza terrorista—, que uno de los macabros desaciertos de Uribe le podría costar algo de popularidad: la parapolítica, la tentativa de usurpación de poderes y la centralización de toda la labor estatal en “los huesitos y la carnita” del caudillo eran males necesarios para que “la gran tarea nacional”, la erradicación de la guerrilla, fuera llevada a cabo a cabalidad. El costo humano, ya lo sabemos, no les importa: al fin y al cabo —dicen ellos— uno no puede ganarle a un enemigo que no sigue las reglas, a menos que uno mismo también renuncie a ellas.

Personalmente creo que la única forma admisible y legítima del juego político es aquella en la que se juega con reglas. Y en ese sentido, las FARC no pueden ser un actor político a menos que se acojan a las restricciones que les impone una situación de diálogo legítimo, es decir, a menos de que sus argumentos ya no estén respaldados por la amenaza de una represalia violenta. En concreto, eso quiere decir que las FARC sólo serán actores políticos cuando decidan hacer un cese al fuego y entreguen a todos los secuestrados que tienen en su poder. Sin esas condiciones, la situación de un eventual diálogo sería análoga al temido Caguán. Uno no está dialogando cuando la contraparte está apuntándole con un revolver en la cabeza.

Lo que me preocupa de todo eso es que el señor Chávez haya respaldado explícitamente las luchas de las FARC y del ELN, afirmando que son “apoyadas” por su proyecto bolivariano. ¿No es lo mismo decir eso que decir que todas y cada una de las violaciones a los derechos humanos que han cometido las FARC a lo largo de su historia están justificadas por el proyecto político chavista? ¿No está “apoyando” Chávez el manejo infame de la crueldad como arma política y la manifiesta mala fe con la que las FARC han echado a la basura todas y cada una de las oportunidades que han tenido de volver a la vida civil? Si la reanudación de las relaciones diplomáticas entre los dos países va a ser consecuencia de la declaración de beligerancia a las guerrillas, y si esa declaración está motivada por ser parte del proyecto bolivariano, ya todo esta dicho. El cobre está pelado.

Para mí, las declaraciones de Chávez ponen de manifiesto —entre otras cosas— que las miles de víctimas de las FARC son víctimas del proyecto político de la república bolivariana de Venezuela. Chávez se acaba de echar miles de muertos a la conciencia.

Además, lo que hace Chávez con sus declaraciones es terminar de polarizar las posiciones políticas en Colombia. Al ponerse del lado del enemigo en común, quita del espectro de las posibilidades políticas del país una opción que no esté manchada de sangre: para el 2010, tenemos que elegir entre el declarado amigo de los Ochoa y su asesor, el supuesto abogado de Pablo Escobar; o el aliado de los asesinos de las FARC y el ELN (y, entre otras joyas, del ultraortodoxo Ahmadineyad).

Una cosa es abogar por un mecanismo que permita una salida política al conflicto colombiano; otra es justificar los asesinatos y los actos terroristas de un grupo armado como parte del propio proyecto político. Lo primero es loable y respetable; lo segundo es hacerse responsable político de la comisión de actos sumamente execrables. Chávez hace lo segundo diciendo que quiere hacer lo primero.

25.8.07

Tras la 'carta blanca' que Uribe le dio a Chávez para que hiciera lo posible por negociar el intercambio humanitario con las FARC, lo que se ha sucitado no es ni más ni menos que la muestra de que ni a la gente "bien" ni a la gente poderosa de este país les importan un carajo los secuestrados:
"Hola Julito. A mi me parece horrible que a este mico con traje de Chávez se le den esos poderes. Ahora va a sacar esa excusa para invadir a Colombia y estos fantoches de la 'pologuerrilla' van a tomarse el poder". (algo muy similar dijo una señora en la W el lunes pasado).
Aquí no hay sorpresas, la doña hasta hace poco se sintió libre de volver a su finca y le tiene pánico a que un mico con traje se la expropie. Lo triste del cuento es que, en el contexto del ajedrez político, esta señora tiene algo de razón. Chávez tiene ahora una posibilidad inédita para construírse un nombre en Colombia y, con esto, apadrinar candidatos para intentar anexar a nuestro país a su proyecto totalitario. Lo más triste es que si Chávez fracasa la derecha va a responder con un reflejo de espejo, haciendo exactamente lo mismo pero con los lados volteados. Ya hablan de un tercer mandato de Uribe o de una candidatura de Vargas Lleras (de hecho se de buena fuente que ese es el proyecto oficial de Cambio Radical para 2010). Es más, yo no descartaría en lo absoluto una candidatura presidencial conservadora, el partido azul es —desgraciadamente— un gigante que aunque viva amodorrado sigue siendo un gigante (apuesto a que Jorge Leyva va a ser la gran sorpresa en la carrera por la Alcaldía de Bogotá).

Pero, ya sabemos, el centro del problema no es ese. Los secuestrados, como siempre, son otra oportunidad para echar a andar la ruleta podrida de los partidos y de las luchas entre el totalitarismo y el "neoliberalismo" —que como todos las 'neocosas' es de todo menos lo que quiere ser. Dejémonos de pendejadas, para la gente que toma las decisiones en este país el intercambio no tiene nada de humanitario. Ni para Uribe, ni para Chávez y sus secuaces, ni para el Partido Comunista, ni para las FARC. Aquí lo que hay es un mercado de poder instalado en una plaza macabra, en la que los secuestrados se hastían de comer mierda mientras su dignidad humana es otro de esos artículos que unos venden para quedar bien y otros compran para usarlo de corbata.

27.7.07

Premisa 1: Los paramilitares matan gente cortándola a pedacitos.
Premisa 2: La sedición es un delito político porque puede ser entendida como un acto político.
Premisa 3: Para Uribe, los 'paras' son sediciosos.
Conclusión: Para Uribe, matar gente cortándola a pedacitos es un delito político porque puede ser entendido como un acto político. Siempre y cuando las víctimas sean sindicalistas, indígenas, miembros de la UP o simples librepensadores, claro está.

22.7.07

Nunca antes Internet había sido un actor político tan contundente. Acostumbrados a que los medios dictaran una gran parte de los temas importantes de las campañas, los políticos llevan muchos años aprendiendo los trucos que hay que tener bajo la manga para ganar las elecciones. Ahora están esperando que la revolución YouTube no los coja con los pantalones abajo.

Lo que ocurre es que, con motivo de las primarias de los partidos Demócrata y Republicano estadounidenses de cara a las presidenciales del año entrante, CNN y Google pidieron a los ‘youtubevidentes’ norteamericanos que enviaran sus preguntas en video a los candidatos para que estos las respondan en un debate. De todo han recibido. Tres jóvenes vestidas de avestruz preguntan si los candidatos van a reformar la seguridad social; otro estudiante recién graduado que acaba de ser aceptado “en la universidad de sus sueños” pero que no puede pagar hace un gran montaje para preguntar qué harán los candidatos para hacer la educación universitaria más económica.

Según el New York Times, “algunos analistas politicos dicen que YouTube podría forzar a los candidatos a que dejen de ser tan artificiales, puesto que saben que sus verdaderas personalidades saldrán a la luz pública de todos modos”. El diario neoyorquino califica estas elecciones como “en formato de reality”, y todo esto gracias a que los ojos de Internet son los ojos de todo el mundo, pero su memoria es mejor que la de cualquiera. Así como Edgar se cayó, todos —absolutamente todos— nos reímos en su momento y el torpe gordito se volvió famoso, los políticos ahora no pueden darse el lujo de caerse para que el mundo se ría de ellos, o lo que es peor, no los elija.

Además, sabemos que la dinámica de Internet es diferente a la vieja y conocida movida de la ‘tele’. En el mundo de lo virtual las cosas se mueven de otra forma; la pregunta es si la política también empezará a hacerlo. Mi generación está acostumbrada a ver campañas electorales que han sido diseñadas para la televisión, lo que ha significado que los temas que inundan los titulares de los noticieros son los que, al final, terminan siendo importantes para los electores —y poniendo y quitando presidentes, alcaldes y congresistas. Esta forma de ver las relaciones entre medios, audiencias y política se denomina agenda-setting.

¿Será que, con el tiempo, los temas “importantes” van a ser los de las etiquetas de los blogs y los de los videos destacados de YouTube y compañía? El de ahora es un pequeño experimento que aún tiene mucho de televisivo, las preguntas que se les mostrarán a los candidatos serán elegidas por CNN. Esto puede significar que los temas de los titulares de los noticieros de Mr. Turner sean los que se pregunten. Pero a futuro, ¿impondrán YouTube y los blogs su propia agenda? O, por el contrario, ¿acabarán con el agenda-setting? Habrá que ver. Las elecciones de alcalde pueden ser un buen laboratorio.

25.4.07

"Eran personas de edad que llevaban en camiones, vivas, amarradas (...) Se repartían entre grupos de a cinco (...) las instrucciones eran quitarles el brazo, la cabeza... descuartizarlas vivas"
El Tiempo, martes 24 de abril de 2006.

La crueldad de los nazis era instrumental. Su odio contra la raza humana no era la razón fundamental para que sus métodos fueran tan crueles, simplemente la crueldad insensibiliza y quita el malestar del asesino. La crueldad era garantía de efectividad, su empleo era un medio para el desarrollo exitoso de la empresa antisemita(1).

El mal era banal para ellos(2). El objetivo de la crueldad, del descuartizamiento, de la tortura y del asesinato no era el mal mismo sino la compleción de la tarea encomendada por Hitler y diseñada por Eichmann.

Yo me pregunto si en la empresa de acabar con la izquierda en Colombia, bien sea mediante argumentos tendenciosos o motosierra, la crueldad es instrumental y el mal producido es meramente banal. Yo me pregunto qué demonios tienen que ver los ancianos campesinos que se llevaban amarrados en volquetas con Tirofijo o con Petro. ¿Es esa crueldad meramente instrumental? ¿Había que hacer 584 ensayos para que la descuartización definitiva, la de Carlos Gaviria o Tirofijo (que para ellos vienen a ser más o menos la misma persona) no fallara? ¿Estos asesinos simplemente creían que le estaban haciendo un bien al país torturando ancianitos?

No creo, es demasiado estúpido creer algo así. Esto nos lleva a una conclusión: los paras son peores que los nazis. Los segundos al menos torturaban como un medio para llegar a un fin macabro; para los primeros la tortura es un fin en sí mismo. Y si Israel permitió la pena de muerte durante 24 horas para aplicársela a Eichmann, no veo por qué Colombia no pueda hacerlo para aplicársela a Mancuso, Jorge 40 y sus secuaces. Al fin y al cabo aquí lo único que falta para eso es que firmen un decreto.

(1) Glover, Jonathan (2002). Humanity: A Moral History of the Twentieth Century. Disponible en este link (toca pagar).
(2) Arendt, Hannah (1963). Eichmann in Jerusalem. A Report on the Banality of Evil. NY, Penguin.

9.4.07

Hoy es nueve de abril. Hace 59 años ocurrió algo que, como no, ocurre todos los días en nuestro país: un asesinato que quedó impune. “Pues ni modo”, pensarán todos, “uno más, uno menos, qué carajos. ¿Cúcuta seguirá primero en la tabla? Ojalá ya empiecen los deportes en el noticiero”.

Sí, Cúcuta sigue primero en la tabla. Y en la web de el único diario nacional de este país hay un espectacular reportaje sobre la casa de la bellísima (y tontísima) Katty Porto. Y Britney Spears reapareció con una peluca en un partido de baloncesto. Etcétera, etcétera. Si acaso por ahí queda un poco de espacio entre la agenda farandulera de nuestros hermosos medios, saldrá que hoy seguramente mataron a alguien en algún pueblo. A lo mejor un reportero de esos que más o menos se mueren de hambre fue y sacó una noticia, pero no le publicaron las veinte líneas que tenía su nota. A lo mejor le apareció un nuevo hijo a algún cantante de pueblo. Esas cosas si venden periódicos.

Hoy sobre la carrera séptima está la mejor metáfora que he podido ver sobre la historia de nuestro país. Hay una lista de asesinados sin asesino en el piso. La gente pasa y los pisa, no les importan. Tienen afán, toca sobrevivir.

Así pasa con los muertos. No nos importan. Tenemos afán. Nos toca sobrevivir. Por eso será que son tantos; porque ya no nos pesan.

12.3.07

Como todos los días, hoy pasé por el Centro Internacional. Venía prevenido, esta mañana había escuchado el rifirrafe de declaraciones por la radio y eso, entre otras tantas cosas, me tenía pensando. Ya no era sólo el viejo dilema de la verdad de los políticos (del que prometo un post algún día) ni el grotesco arrodillamiento de Uribito con la mano en el pecho tarareando (porque ni se lo sabrá) el himno de la que él va a convertir en nuestra patria. Era algo más.

La niña que escribe bonito me quitó las palabras de los dedos, así que pueden tomar como mías todas y cada una de sus letras. Pero lo que más me preocupa no es precisamente la incoherencia de algunos de quienes como yo vemos en la izquierda una salida viable y necesaria al futuro de este país. Me preocupa que, a punta de la rabia y el resentimiento que toda la vida han sido el lunar peludo en la frente de este país, ellos crean que están haciendo algo políticamente correcto -no en el sentido ñoño del término, más bien en el sentido literal.

Es que es necesario que a uno no le guste Bush, pertinente que a uno no le guste Uribe, aceptable que uno crea en la izquierda y discutible que uno crea que debamos ser una república bolivariana. Es inadmisible, en cambio, no saber protestar y hacer la pendejada que se hizo el domingo. ¿Qué se saca? ¿Para qué sirve? Romper unas vitrinas y quitarle un pelo al gato asegurador colombiano, pero nada más. Bush se comió su ajiaquito y habló de caballitos, rajó de los liberalcitos y de los ateítos y se divirtió un poquito con su amigo Uribito. Nos llenamos de tombos y se llenaron de miedo, pero nada de lo que se quería impedir se impidió: Bush sigue vivo, campante y mandando a matar gente. Justo como el sábado.

La derecha se solazó y lanzó todos los ataques que le vinieron en gana, la gente que anda en carretera se sintió cada vez más de acuerdo con la retórica fascista del presidente -claro, esta vez la razón los asistía- y a los que no creemos en él nos tocó ponernos a dar explicaciones. No creo que tirar piedras sea la mejor forma de ganar adeptos, creo que es una buena forma de perderlos o al menos de ponerlos en problemas. No señores, así no se protesta. No vamos a lograr nada si no les hablamos al oído, si no les decimos cosas que les interese oír, que les gusten. Y a nadie le gusta que se le caguen encima.

PD: Si alguien tiene o sabe donde conseguir la foto de Uribe con la mano en el pecho cantando el himno de los Estados Unidos, por favor dígamelo. Se le agradecerá infinitamente.
PD2: Que le quede claro a la derecha que estar en contra de Bush NO es estar contra Estados Unidos ni contra su gente. De hecho me parece un país fascinante en el que planeo estar parte de mi futuro cercano. Lo que pasa es que uno no puede confundir el amor al arte con la estupidez, es decir, uno no puede hacerse el ciego creyendo que todas sus ilusiones y todas sus opiniones son perfectas, ni que todo lo que uno quiere es absolutamente defendible.

23.1.07

Definitivamente los bogotanos no saben lo que quieren. En las épocas de Peñalosa la gente era encantada en los días sin carro. Las señoras sacaban los perros de la cartera y le pedían al paseador que se tomara el día libre, que no se preocupara que igual se le iba a pagar el mes completo. Salían orondas, ataviadas al mejor estilo health-club sacaban a los perros mientras desfilaban por las calles con sus gafas oscuras y sus tenis de marca. Sus maridos, progresistas ellos, se vanagloriaban de que al fin íbamos a tener una ciudad con transporte masivo, una ciudad moderna, limpia y bonita. Una ciudad de la cual no avergonzarse.

Cinco años después, esas señoras ya no salen sino en su carro -debe ser por eso que les están saliendo llantas y bananos. Además, los perritos ya no salen de las carteras de sus damas. Todo por culpa de Lucho, porque el tráfico está terrible, porque los sindicalistas no saben gobernar, porque a Julito no le gusta Lucho y palabra de Julio es palabra de Dios, porque le ganó a su “buen amigo Juan Lozano”, porque sí y porque no. Los señores ya están deseando que Pacho Santos se lance a la alcaldía para ver si “en Bogotá empezamos a hacer las cosas bien, como en el resto de este país”, mientras ven cómo compran un carro para sus hijos y llenan su garaje de autos, uno para cada miembro de la familia.

¡Sorpresa! Lucho está emulando lo único que hizo bien Peñalosa en todo su mandato: desestimular el uso del automóvil particular. El problema es que, según parece, a él no le hacen caso mientras que a su contraparte lo escuchan con los oídos abiertos. Pero cada cual tiene derecho a oír lo que le venga en gana –o a escoger al que le dice a quién pararle bolas- y por ende todo el mundo puede hacerse el sordo o el ciego, o las dos cosas si bien quiere.

El año pasado (2006) fue testigo de la entrada de aproximadamente 190.000 autos nuevos a las calles colombianas, de los cuales una gran cantidad -me atrevería a decir que no menos de 50.000, aunque agradecería una cifra respaldada- han sido comprados y utilizados en Bogotá. Como quien dice, nos ganamos 50 trancones nuevos.

¿Y quienes compran carro? Los que lo pueden pagar. Los que no pueden darse el lujo de guardar el carro dos veces a la semana porque no conciben su vida montando en transporte publico. Los que, con esa actitud absolutamente anticívica, están dañando con el culo lo que su héroe de la política local intentó hacer con las manos.

Hay algo que no queda claro aquí; creo que los furiosos detractores de Lucho nos deben una explicación al resto de los ciudadanos. ¿Cuál es el problema con la guerra al transporte privado? ¿Les molesta mucho que un alcalde tenga el descaro de pensar en el resto de nosotros, los que andamos en bus o en Transmilenio? Por favor, explíquennos que no entendemos.